viernes 19 de junio de 2009

Insomnio

Tengo la impresión de que la historia que voy a relatarles va a parecerles el invento de una mente que no razona bien. Yo mismo he pensado en esta posibilidad, sin embargo, creo que debe ser leída en términos de una realidad que nos negamos a aceptar posible. Este relato lo leí en algún libro del que, por imprudencia o quizás por fortuna, no recuerdo el nombre. Sabrán disculpar mi negligencia, y sepan que no he cambiado ni una palabra de aquellas que tengo tan frescas en la memoria, tal impacto causaron en mí que las siento ya como propias.

Hace varios días que paso las noches en vela. Los ojos cansados y rojos son la marca visible de mi estado de insomnio. Por más intento que hago en conciliar el dulce sueño fallo en mi tarea una y otra vez. Amanece el día y la rutina se ocupa de evadir mis pensamientos por un tiempo de la diaria derrota frente al imposible sueño. Pero cuando llega la inevitable noche no logro mantener los párpados cerrados. Cuento ovejas, cabras y conejos, recito mentalmente poemas románticos. Nada. Las ovejas pierden la cuenta, los poemas se repiten y yo sigo tan despierto como antes.

Tengo la costumbre de leer antes de dormir, me gusta mucho la literatura fantástica, sentirme dentro de mundos increíbles, remontarme junto a los protagonistas a lugares desconocidos y vivir junto a ellos sus aventuras. Mi vida es tan monótona, tan rutinaria y temerosamente predecible. Los libros son mi vía de escape. La biblioteca es el objeto más preciado que tengo y no sé si soportaría la existencia si me faltase. Todos me dicen que estoy loco, que tendría que dejarme de tanta fantasía, que lo único que hace es meterme ideas raras en la cabeza y aislarme cada vez más de la realidad.

Hay algo que no les conté todavía. Todas estas noches que he pasado sin dormir, ha ocurrido algo muy extraño: cuando termino de leer, guardo el libro en la biblioteca y apago las luces, la habitación parece entrar en movimiento. El aire se agita, el silencio se acalla, siento murmullos, ruidos que no alcanzo a reconocer, melodías que tocan instrumentos quejumbrosos y melancólicos. Me paralizo, no me atrevo a mover un músculo, no puedo ver nada por más esfuerzo que haga. Paso toda la noche intentando olvidar esos sonidos, esos ruidos molestos, pero sólo se callan cuando la luz del Sol entra por las ventanas...

Si quieren ver el final del cuento hagan click en el FORRO de la izquierda y vayan a la página 61 del número 4 y lean toda la revista porque está muy buena.

sábado 16 de mayo de 2009

El puerto

—De espaldas al río contemplabas el olvidado puerto de la ciudad. Los galpones chorreaban óxido por sus techos mientras los graffitis se reproducían en sus paredes y gritaban a voz en cuello la injusticia que los rodeaba. La dársena contaba no más de diez barcos, todos varados en el mismo lugar hacía tanto tiempo que ya no te dabas cuenta de que estaban ahí, tan asimilados al paisaje de lo que supo ser un atracadero en dónde los vapores entraban y salían hacia el inmenso río que se pierde en el horizonte, hacia el sur y hacia el norte. A tu derecha se levantaba uno de los viejos galpones, ahora convertido en silencioso testigo de tiempos pasados. A tu izquierda: la dársena, profunda, de color ocre como el río que alimentaba sus aguas mansas, quietas desde hacía tantos años. Más allá, los viejos edificios de las oficinas portuarias y aduaneras dejaban ver su oscuro interior por entre los restos de ventanas amplias que en una época dieron luz a quiénes los frecuentaban. En la rada un viejo casco era carcomido por el tiempo y la intemperie. Sus maltrechas herrumbres dejaban atravesar el Sol para dar calor a familias enteras de ratas que habían hecho de los fierros retorcidos un hogar...

El final del cuento en Revista Forro Nº3 que además tiene cosas muchísimo más interesantes para leer y recomiendo no perderse.

martes 3 de marzo de 2009

Calandria entrerriana

Calandria entrerriana
Letra: Francisco Vanrell
Música: Aún está por verse

Cantora de las mañanas
dulce voz del naranjal
que con tu canto engalanas
esta tierra litoral

Yo te veo por las tardes
asomando al ventanal
es de ocres tu plumaje
como lo es el Paraná

Triste calandria entrerriana
no me invites a soñar
tú sabes que yo no puedo
batir mis alas y volar

Cantorcita de mi tierra
de arroyuelo y pajonal
entrerriana como el sauce
lo mesmo que el Uruguay

Cantora de otros cantares
melodiosa en el trinar
no me digas que has perdido
tu preciada libertad

Triste calandria entrerriana...

jueves 15 de enero de 2009

Spooky Call

Jack was asleep in the chair, dreaming, when the phone rang. He jumped out of his skin and thought that someone was at the door. However, when he opened it he could see no one there. While closing the door the phone rang again and then he realized what had happened. He ran quickly to the living room and ansewered the phone. Someone said in a whisper: –It’s the time and then hung up. This was quite spooky. Jack was scared to death. He didn’t have a clue about who had just called him. He kept turning over the call in his mind but couldn’t find out why that person had told him such a strange thing. Since that day he had become paranoid. He thought that all the time someone was staring at him, even when he was alone. First, he started missing job and hardly ever saw his friends, until one day he locked in his house. He had been locked in for about a week when a burglar broke into his house. Jack suffered a heart attack –according to the police– and died immediately after.

miércoles 16 de julio de 2008

Policial Confuso

(Un señor que aparenta unos 60 años pero en realidad tiene 32 toma su nuevo celular Nokia N5200/32 con todos los chiches: cámara, mp3, mp4, blue tooth, manos libres, mira láser y máquina para cortar fiambre y teclea desesperadamente un numero de tres cifras: nueve, uno, uno*)

Tuuuuuu.....tuuuuuuu.....tuuuuuuuu.....
Central del 911: Hola, soy Pamela ¿en qué puedo ayudarte?
Señor: Sí, que tal Pamela, mirá te llamaba por una emergencia.
911: Espere un momento por favor.

(Se comienza a escuchar una melodía aguda que se repite cada treinta segundos aproximadamente)

Una hora y media más tarde...

(Se sigue escuchando la melodía, el señor ya no sabe como matar la espera: completó tres sudokus de nivel difícil, dos claringrillas y armó un rompecabezas de 1000 piezas)

Tres horas después...

Se oye que alguien resopla en el teléfono...
Señor: Mirá ya hace tres hora que me tenés acá y yo le dije a esa chica que era por una emergencia.
911: Disculpe señor, ¿cuál es el problema?
Señor: Esteee...mirá hay una persona en la casa de enfrente que tiene un arma en la mano y hace todo el día que está apuntando hacia la calle pero parece que nadie le presta atención.
911: Ahh...en seguida lo comunico con la Dirección de Locos Armados de la Policía, ellos le darán una respuesta.
Señor: Macanudo, gracias.
DLAP: Dirección de locos armados de la policía, buenas noches...¿por qué motivo?
Señor: Recién le expliqué al otro muchacho que hace todo el día que hay un tipo armado en la casa de enfrente apuntando hacia la calle y nadie le presta atención.
DLAP: Hizo bien en avisarnos señor, digame la dirección por favor y enseguida mandamos una patrulla para allá.
Señor: Sí, como no. Mi dirección es Rodriguez Peña 1260 y la casa de enfrente...bueno se van a dar cuenta, es la única que tiene un loco con un arma apuntando a la calle.
DLAP: Hasta luego señor.
Señor: Hasta luego.
(Pasan alrededor de quince minutos y la patrulla llega a Rodríguez Peña al 1200. Descienden de los vehículos en la esquina.)

Comisario Schmunk: ¡Benavídez! disposición en línea de avance ¡ya!
Oficial Benavídez: Afirmativo, señor comisario. ¡Patrulla, línea de avance ya!
(La patrulla se acerca a la dirección indicada y se establece frente al local denunciado)

Oficial Benavídez (a través del walkie-talkie): Comisario, tenemos un...mmm...inconveniente.
Comisario Schmunk: ¿Cuál es el problema Benavídez? Esta operación es muy usual, actúe de la misma manera que siempre.
Benavídez: Comisario, quizás quiera acercarse hasta aquí y verlo usted mismo.
Schmunk: No va a llegar muy lejos si es tan dependiente Benavídez. Aguántese que ya voy para allá.
(El comisario, que estaba en la esquina, se acerca a la patrulla)

Schmunk: ¿Tiene miedo Benavídez o que le pasa? ¿Por qué la patrulla abandonó la posición de avance?
Benavídez: Ese es el local Comisario, mire hacia arriba.

(En la parte superior del local se leía: Armería Tiro al Aire)



* Cómo ¿no se enteraron?, ahora en Argentina somos más cool y tenemos el 911 en vez del pedorrísimo 101 para llamar cuando tenemos una emergencia.

viernes 29 de febrero de 2008

El día del juicio final

-Juro, por Dios y la Patria desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación.
Si así no lo hiciera que Dios y la Patria me lo demanden.
(Aplausos del público presente en el Congreso)
Así concluía la tan anunciada asunción del nuevo presidente que regiría los destinos del país por los próximos 4 años. En su campaña había prometido que lucharía por la recomposición de la economía, el aumento de los salarios de los trabajadores y la mejor distribución de las riquezas, brindaría apoyo a la educación y la ciencia, campañas sanitarias de alcance nacional y todas esas cosas que los políticos dicen que harán cuando asuman sus cargos.


* * *
5 años después...

- Che, Patria estoy harto de que juren por nosotros y después hagan lo que se les canta. ¿No te parece que ya es hora de hacer algo? -dijo Dios.
- Si, tenés razón. Al final es muy cómodo para ellos que el pueblo no pueda reclamar nada porque juraron por nosotros.
- ¿Qué te parece si les metemos una demanda?
- Eso, eso. Vamos a darles su merecido -se entusiasmó la Patria.
- Dejame que hablo con mi amigo el de abajo que conoce a los mejores abogados.

En eso estaban Dios y la Patria, mientras, el ex-presidente gastaba sus dólares en comprar Tom Collins en la barra del bar mientras su mujer remojaba los pies en una palangana mirando hacia el Océano Pacífico. Pasó un mes y el ex-presidente volvió al país luego de sus vacaciones.
Cuando fue a su oficina, la secretaria le dio todos los mensajes que había recibido durante su ausencia, entre ellos, un sobre lacrado en dónde se podía leer como remitente Juzgado Supremo del Cielo.
- ¡Oh!, ¿qué es esto? -se preguntó el hombre.
- No lo se señor. Un día apareció este sobre bajo la puerta y esperaba a que usted llegara cuanto antes para que lo viera. No quise molestarlo durante su descanso.
- Hizo bien. Veamos de que se trata.
El ex-presidente abrió el sobre y dentro de él había dos cosas: la primera, una carta impresa en un papel tamaño oficio; y la segunda, una llave muy extraña atada a un llavero en forma de cruz. Tomó la carta y la abrió. Comenzó a leer:

Señor ex-presidente:
S/D
Por la presente nos dirigimos a usted a fin de comunicarle que será juzgado en el supremo tribunal celestial el día 17 de marzo a las 20:00 hs. por incumplimiento del deber público y jura en vano en nombre de los firmantes.
Saludan atentamente.
Dios y la Patria

PD: Con la llave abrirá una puerta sita en calle del Mate al 2357. Así accederá al tribunal.

El ex-presidente pensó que se trataba de una broma de mal gusto pero su curiosidad pudo más, y además no faltaba tanto para el 17 -era 15 de marzo-. El día indicado fue hasta calle del Mate 2357 y abrió la puerta. Se encontró con una pequeña habitación vacía y un ascensor con la puerta abierta. Entró al elevador y escuchó una voz -no se alcanzaba a ver por dónde salía- que decía:
-Si usted viene a tirar primeras piedras, apriete uno. Si por el contrario fue citado por sus pecados, apriete dos.
El ex-presidente apretó uno pensando que así eviataría el problema, pero la misma voz dijo:
-Usted no está libre de pecado, apriete dos y olvidaremos esta mentira.

Apretó dos y el ascensor comenzó a moverse. No alcanzó a notar si ascendía o descendía pero si parecía moverse rápidamente. De pronto frenó y se abrió la puerta. Allí estaban, Dios y la Patria, sentados en un sofá de tres cuerpos fumando un habano cada uno. En otro sillón había una dama con los ojos vendados y una balanza en la mano (N. del R.: no era la verdulera de la esquina tratando de pesar un kilo de tomates sin ver). Se le indicó que entrara y se sentara en una silla justo enfrente del sofá.
Ni bien el ex-presidente hubo rozado apenas la silla con su culo, la dama de los ojos vendados dictaminó:
- ¡Culpable!
- ¡Excelente! -dijeron los otros dos.
- Usted está condenado a resarcir sus pecados juntando los desechos animales de la vía pública en todo el país.

Moraleja: No juren por Dios y la Patria en vano o se les va a venir brava la mano.

lunes 3 de septiembre de 2007

La Venganza del Mayordomo

Fue de repente, el cuchillo se hundía en mi piel y el vendaje sobre mis ojos no me dejaba ver. Una gota fría de sudor recorría mi espalda mientras el miedo iba ganándome el cuerpo. Me desperté, miré el reloj. Eran las tres de la madrugada del viernes. Estaba empapado en sudor, al igual que las sábanas y la pesadilla reciente todavía daba vueltas en mi cabeza.
Había sido muy real. Escuché un ruido estridente, se oía lejano, como si hubiera sucedidos a dos cuadras de mi habitación, sin embargo, tenía el convencimiento de que provenía de mi propia casa. Corrí escaleras abajo para investigar -arriba sólo están mi cuarto y un pequeño baño, el ruido no venía de allí-. Era un día ventoso y cálido, típico clima primaveral en mi ciudad. Posiblemente alguna de las viejas ventanas de la cocina había rechinado por el viento, así que fui directo a esa habitación, sin prestar atención al living. Nada. Todo estaba cmo antes de acostarme: la pava sobre la hornalla, el repasador hecho un bollo sobre la mesa, y la vieja ventana celosamente cerrada no dejaba pasar ni una gota de viento.
El ambiente era demasiado calmo, en el aire flotaba la serenidad típica de cuando se avecnia una tormenta. Son ideas mías -pensé para tranquilizarme. Di un paso hacia atrás, no se porque, pero lo hice. Me topé con algo. Giré la vista por sobre mis hombros y me quedé paralizado del susto. Atrás mío se levantaba una silueta negra. Lo único que noté fueron sus brillantes dientes amarillos que formaban una sonrisa burlona. Sentí que la oscuridad se apoderaba de mí.
Fue de repente, el cuchillo se hundía en mi piel...

viernes 31 de agosto de 2007

Agiten la cola

Ese día mi vida cambió para siempre. Fue hace 5 años, una tarde de domingo, hojeaba la revista que viene con el diario. Después de la sección de chimentos había un espacio donde se indicaban actividades artísticas o deportivas a realizarse en la semana siguiente a la impresión de la revista. Una exposición de fotos aéreas en el Malba, una expedición en bicicleta a Victoria y un recital de bandas en Rosario ocupaban la mayor parte de la página. Sin embargo, a mi me llamó la atención un pequeño recuadro el cual invitaba a unirse a un grupo de aventureros que iban a participar de una carrera de bicicletas en Marruecos. En mis mejores épocas había recorrido el país en mi bicicleta azul de ruedas finitas, pero para ese entonces estaba colgada juntando tierra en el garage de casa.

Primero pensé que no daba como para ir a correr, hacía mucho tiempo que no me ejercitaba y ya no tenía un buen estado físico, aunque salía todas las mañanas a correr dos horas por el parque y tres veces por semana nos juntábamos a jugar al básquet en el Club Ciclista.

Así estaba en mi indecisión entre ir o no ir cuando me encontré con un ex compañero de carreras en el supermercado que está en la esquina de Santa Fe y Malvinas, Mario. Me dijo que el también se había dejado estar, que ya casi no hacía ejercicios más que ir al gimnasio dos veces por semana. Le comenté de la carrera sobre la que había leído en la revista y los ojos le brillaron como a un chico cuando le ofrecen helado de frutilla.

Al otro día me llamó el Mario. Resulta que le había picado el bichito del deportista y después de que hablaramos en el supermercado fue corriendo a su casa para inscribirse en la carrera y ahora me llamaba para que yo me inscribiera así por lo menos tendría a alguien conocido. Ese fue el empujoncito que me faltaba, le corté a Mario y llamé al número que decía en la revista, por la característica era de Buenos Aires. La inscripción costaba 130 dólares (yo tenía guardada una platita) y el primer premio era de U$S 40.000. Primero me iba a tener que tomar un colectivo hasta Buenos Aires y ahí nos uniríamos al grupo y nos tomaríamos un avión hasta Rabat, la capital de Marruecos. Desde Rabat una trafic nos llevaría hasta Agadir, la ciudad desde donde se largaba la carrera, mientras que las bicicletas las llevaban en un camión preparado especialmente para eso.

El 30 de mayo a la noche estábamos el Mario y yo parados en la terminal de colectivos esperando el Flechabus que nos llevaría hasta Buenos Aires. Llegó mas de una hora y media tarde a la Capital porque a la altura de Campana se nos pinchó una rueda y tardó en llegar el colectivo suplente. Comimos algo en un restaurante antendido por chinos, de esos que tantos hay en Buenos Aires y después nos fuimos para Ezeiza porque el avión salía a las tres. Éramos 15 personas las que íbamos a la carrera, había cinco porteños, tres mendocinos, dos cordobeses, dos santafesinos, un correntino y nosotros dos.

Fue muy lindo el viaje, nunca había ido tan lejos en avión, alguna vez hice Bariloche-Santa Fe pero jamás había volado a otro país ni mucho menos cruzado el océano. Hacía calor en Rabat y era un loquero de gente: árabes con turbante, yankees vestidos de bermudas y camisas de colores pasteles, negros con cara de pocos amigos y mujeres con las caras tapadas. En el aeropuerto nos esperaba el conductor de nuestro transporte, Erid, un muchacho de unos 35 años de edad, pelo oscuro, de tez morena vestido con una túnica blanca y una especie de repasador en la cabeza, lo que me causó mucha gracia. Salimos de Rabat después de comer algo y después de dos horas de viaje, apretados en la trafic como sardinas en una lata, llegamos al lugar de partida: Agadir. Nos mandaron a una carpa donde podíamos refrescarnos y alistarnos para la carrera que sería dentro de 2 horas. Me puse las medias de la suerte, un par de medias azules (en realidad habían sido azules, ahora ya estaban de un color gris pálido), llenas de agujeros, pero no podía romper la cábala. Ajusté la correa del casco, llené las dos botellas de Gatorade para refrescarme de camino y me puse las zapatillas. Ya estaba listo para partir.

En la carrera estaban inscriptas 500 personas de todo el mundo. Había mexicanos, malayos, japoneses, españoles, italianos, estadounidenses, colombianos y hasta un kazajo, además de nosotros los argentinos. El recorrido era de 35 kilómetros por asfalto y 4 km en zona escarpada.

Estábamos todos en la línea de partida, el director de la carrera disparó una bengala y salimos a velocidad por una carretera hacia el sur de Agadir. Y aquí llegamos a la mejor parte de la historia. Creo que iba como una hora y media de carrera, y llevaba recorrido un poco más de la mitad del trayecto cuando en el medio de la ruta apareció frente a mi una gigantesca serpiente, ahora se de que tipo se trataba pero en ese momento no alcancé a distinguir cual era ni tampoco escuché su señal de ataque. Pienso que alguna vez deben haber escuchado que las serpientes de cascabel agitan su cola cuando sienten peligro y se ponen prestas al ataque. Yo atiné a esquivarla pero con un rápido movimiento la cascabel se me metió bajo la rueda trasera. Son duros los bichos y no le hice nada al pisarla.

Por supuesto, yo me caí de la bicicleta y quede cara a cara con el animal que agitaba furiosamente su cola. Quise salir corriendo pero algo me paralizó y quedé tendido sobre el caliente pavimento. Fui mordido tres veces en la pierna pero para mi suerte o por lo menos eso creí el veneno no me hizo efecto. Me levanté apresurado, agarré la bici y salí lo más rápido que pude para no perder más tiempo. Había recorrido como 4 o 5 Km cuando sentí un fuerte escalofrío y perdí el control de mi cuerpo, me caí de la bicicleta y mi cuerpo comenzó a agitarse como cuando alguien tiene convulsiones. Al cabo de media hora me había convertido en una horrible serpiente de cascabel.

Anduve bastante tiempo queriendo saber por que me había pasado eso a mí, pero terminé resignandome a vivir como una serpiente alimentándome de roedores pequeños y escorpiones. Ahora instintivamente espero todos los años la carrera de bicicletas para atacar a algún ciclista desprevenido y morderlo, para aumentar la población de serpientes de cascabel y en un futuro poder ser la especie dominadora del planeta.

lunes 13 de agosto de 2007

En la Selva

El barco navegaba tranquilamente hacia el puerto. Nosotros, sobre la cubierta, contemplábamos impacientes la gente que caminaba sobre el muelle. Es que por fin estábamos llegando a la bella ciudad de Manaos, una ciudad industrial del noroeste brasilero. Esta ciudad tiene una particularidad que la hace única: está construida en el medio de la selva del Amazonas.

Habíamos ido allí para aprender más sobre la cultura Banibas, indígenas que junto a los Barés, Passés y Manaós habían habitado la zona durante siglos. Luego del desembarco nos dirigimos a un negocio de alquiler de vehículos con la intención de rentar un jeep, porque según nos había dicho nuestro guía Gilberto, la zona era bastante pantanosa y difícil de circular. La pequeña aldea aborigen se encontraba a más o menos 10 Km.. de la ciudad. Sin embargo debido a lo dificultoso y serpenteado del camino tardamos más de una hora en llegar al lugar. En medio de la espesura de la selva, alcanzamos a avistar las chozas. Cuando estábamos cerca dos individuos altos, morenos, de pelo enrulado cortito como los africanos se nos acercaron al vehículo. Nuestro guía que hablaba en la lengua Mbangâ, les dijo que éramos dos arquitectos que veníamos para aprender de ellos, que queríamos pasar algunos días en su tribu para ver como vivían. Contestaron que el jefe Dtíaga sería quién decidiría si nos podíamos quedar o no. Fuimos llevados con el líder de inmediato, y luego de darles las mismas explicaciones que a los guardias, éste consultó con el que parecía ser el más anciano de la tribu. Nos dieron su aprobación y dejaron una choza a nuestra disposición.

Tremenda sorpresa nos llevamos al día siguiente cuando, al amanecer, se escuchó como si alguien estuviera bailando y cantando. Nos asomamos a la puerta de la choza que gentilmente nos habían cedido para que descansemos y pudimos observar a toda la tribu danzando en largas filas y cantando alrededor de una pira adornada con iperângas, una pequeña flor celeste parecida a la enamorada del sol. Esta ceremonia se realiza cada 40 años según el calendario indígena, que se rige por el sol y la luna —en el calendario gregoriano equivale a 6 meses— para rendir culto a Adão, el dios de la fertilidad. Arman una pira y colocan encima una corona de iperângas, luego se realiza la danza ritual y el cántico sagrado de los banibas. Luego se hace arder las flores que en la creencia indígena significa abundancia. Nosotros tuvimos la suerte de estar en el momento preciso para observar la ceremonia. Incluso por ser invitados especiales, el anciano de la tribu nos invitó a nosotros a prender el fuego que haría arder la pira. Fue algo magnifico pero las manos nos quedaron coloradas de tanto frotar los palitos, claro ellos no tienen encendedores.

Al día siguiente se sale a cazar puesto que se supone que Adão proveerá suficiente comida. Los banibas cazan con lanzas hechas de las ramas de los árboles y con redes tejidas con las fibras de algunas plantas de la selva. Entre los animales de la zona estaban una especie de yacarés, aves parecidas a las palomas y unos roedores que nos dijeron que se llamaban nenguè.

El tiempo que pasamos con ellos fue grandioso, aprendimos mucho de sus cultura. Por ejemplo toman una infusión de iperânga muy parecida al mate tereré del Paraguay y el norte argentino. Nosotros como arquitectos que somos notamos un gran desarrollo en la construcción de las chozas, muy proporcionadas. Además los caminos estaban diagramados para tener una comunicación muy fluida entre los integrantes de la tribu.

Volvimos muy reconfortados del viaje a nuestra querida Paraná donde ahora tomamos la infusión de iperângas que aprendimos a preparar mientras caminamos por la nueva costanera de la ciudad.